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Límites de la comunicación

Cuando estamos estableciendo dentro de nuestra organización una estrategia de comunicación, ya sea interna o externa, deberíamos definirnos por los límites: dentro de esos límites, tendremos que asegurarnos de las capacidades que tenemos.

El primero tendría que ver con las capacidades técnicas: teniendo en cuenta que podemos formarnos en la utilización de las diferentes redes y herramientas, lo importante en este caso sería la disponibilidad del personal (ya sea voluntario o remunerado) de mantener esa comunicación de forma coordinada y permanente. En las entidades en las que trabajamos debemos establecer qué tiempos puede establecer cada uno/a para poder comunicar su trabajo y si debe ser objeto de difusión o no. También las organizaciones y tanto sus trabajadores como voluntarios y colaboradores, suelen adolecer de falta de tiempo por sobrecarga de trabajo o por limitaciones de tiempo.

Por otro lado, nuestro diálogo debe estar dirigido al público adecuado, unido con una buena definición de los objetivos de dicha comunicación. En este caso, sería extraño  informar de forma urgente sobre algún acto, o una cancelación, por ejemplo, y hacerlo desde un blog, cuando podríamos utilizar otras herramientas más adecuadas como twitter, facebook u otros. O tratar de hacer un llamamiento a personas de entre 55 y 65 a través de facebook o tuenti.

Por otro lado, otro límite nos lo deberíamos autoimponer por la capacidad de respuesta en caso de que queramos mantener el diálogo de forma más o menos permanente y que nos permita trabajar en red y mantener nuestra imagen social. Esto se vincula a la capacidad de recursos humanos para mantener el sistema de comunicación de una forma adecuada.

No podemos olvidar que el uso extensivo de muchas herramientas de comunicación también nos pone bajo la lupa en todo aquello que se esté transmitiendo.

Tal y como podemos ver en este artículo de socialco.org, cada canal debe tener un por qué, un para qué y un para quién.

Es decir, debemos determinar nuestras herramientas en función de las opción que las mismas dan, del público al que se dirigen y de las capacidades que posea la organización de transmisión de toda la información que podemos enviar, recibir y coordinar.